Es difícil de creer, pero un número estimado de 2.6 billones de personas en el mundo sub-desarrollado—casi un tercio de la población global—aún no tienen servicios de sanitación básicos. Esto representa un riesgo de higiene significante, especialmente en áreas urbanas pobladas, y suburbios donde beber agua contaminada puede propagar enfermedades rápidamente. Cada año, 1.5 millón de niños mueren de diarrea a causa de la escasa sanidad e higiene.

En Malawi, Stacia y aseo Kristof Nordin de compostaje fertiliza sus cultivos. (Fotografía: Bernard Pollack)

Es en estas ciudades altamente pobladas, la seguridad alimentaria es muy débil por la falta de tierra limpia, rica en nutrientes y el poco espacio disponible para las familias locales.

Pero hay una solución barata para ambos problemas. Una innovación reciente llamada Peepoo; se trata de una bolsa desechable que puede ser usada una vez como inodoro y después enterrada en el suelo. Cristales de urea en la bolsa matan patógenos que producen enfermedades y descomponen los residuos a fertilizantes,  eliminando simultáneamente el riesgo de sanidad y proveyendo un beneficio para los jardines urbanos. Después de intentos exitosos en Kenia y la India, las bolsas serán producidas en masa este verano y vendidas de 2 a 3 centavos de dólar Americanos, haciéndolas más accesibles a aquellos que se beneficiarán más.

En Haití después del terremoto, donde muchos residentes pobres y sin hogar son forzados a vivir en montones de basura y a ir al baño en dónde puedan encontrar privacidad, SOIL/SOL, una compañía sin fines de lucro que está trabajando para mejorar la tierra y convertir los residuos en recursos, se está uniendo con Oxfam GB para construir excusados interiores secos para 25 familias, así como cuatro excusados secos públicos. Este proyecto establecerá un sitio de compostaje de residuos para convertirlos en fertilizantes y obtener así una tierra rica en nutrientes que puedan ser utilizada para cultivar hortalizas en jardines en tejados y patios.

En Malawi, el proyecto de permacultura de Stacia y Kristof Nordin (a quienes visitó Danielle Nierenberg, codirectora de Nutriendo al Planeta) usa un excusado de compostaje para fertilizar las cosechas. Aunque estas unidades pueden ser caras para comprar e instalar, la compañía Rigel Technology fabrica un excusado que cuesta solamente $30 y separa los residuos sólidos de los líquidos, convirtiéndolos en fertilizante. La compañía sin fines de lucro Sulabh International también promueve unidades comunitarias que convierten el metano de los residuos en biogás para cocinar.

A una escala más grande, los humedales fuera de Calcuta, en India, procesan unos 600 millones de litros de aguas residuales que llegan de la ciudad cada día a 300 estanques de peces. Estos humedales producen unas 13,000 toneladas de pescado al año para el consumo de los 12 millones de habitantes de la ciudad. También sirven como un centro de tratamiento de residuos ambientalmente seguro con jacintos, flores de algas y peces que se deshacen de los residuos a la vez que proveen un hogar para las aves migratorias y una fuente de alimento local para la población de Calcuta. (Ver también “La Producción de Pescado Alcanza un Récord.”)

A parte del costo y la instalación, los obstáculos principales de usar los residuos humanos para fertilizar las cosechas son culturales y de comportamiento. La UNICEF apunta en un estudio de caso en internet que un programa dirigido por el gobierno en la India proveyó a 33 familias en la villa de Bahtarai con letrinas cerca de sus casas. Pero la mayoría de los habitantes de la villa aún prefirieron usar los campos como excusados ya que estaban acostumbrados a hacerlo durante toda su vida. “No es suficiente construir los excusados,” dijo Gaurav Dwivedi, Colector y Magistrado del Distrito de Bilaspur, “tenemos que cambiar la manera de pensar de las personas para que sean responsables de usarlos.”

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